domingo, 14 de junio de 2015

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/06/fragmento-de-la-novela-el-visitante.html


"...Avanzó un poco y vio algo de reojo que lo hizo estremecerse y soltar el cadáver el cual, al precipitarse, terminó de deshacerse, manchando por completo el piso y salpicando de fluidos y pestilencia a los presentes. Volteó hacia la derecha quedando frente al espejo de la habitación contemplando su imagen; por fin pudo darse cuenta de la realidad, su ropa estaba destrozada, desde la cabeza a los pies era un amasijo de suciedad, podredumbre y pestilencia. Los colores de la sangre seca, los restos de piel muerta, insectos y demás despojos lucían sobre su cuerpo como adornos horrorosos testigos de toda la aberración cometida por éste..."

"Quiso emitir un grito, pero no salía nada de su garganta. Trató de dar un paso, pero no pudo, tropezó con algo, miró hacia abajo percatándose de los pedazos de cadáver en el piso, su cabeza no dio más y se desplomó sin sentido..."

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

"El Visitante Maligno" y "El Visitante Maligno II" disponibles en formato digital: (Amazon KIndle)

lunes, 1 de junio de 2015

Fragmento de la nvoela: "El Visitante Maligno" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/06/fragmento-de-la-nvoela-el-visitante.html


“…A mí no me tienes que convencer, no me estás vendiendo ningún producto. Ambos sabemos que todo es un juego de poder, es muy fácil que un grupo de ancianos acostumbrados a vivir en la bonanza, en la riqueza, se junten para escribir normas, decretos y crear pecados a voluntad. La Iglesia no sigue la enseñanza de Cristo, lo que está escrito en la Biblia no es profesado por la cúpula eclesiástica. Jesús nunca vivió en la abundancia ni andaba con ropas lujosas ni joyas, ni se hospedaba en los mejores lugares. Cristo siempre fue muy humilde, Él nos enseñó el amor. “Amar a tu prójimo” “amar inclusive hasta a tus enemigos” Él jamás dijo que honrásemos estatuas ni efigies de santos, ni vírgenes ni nada de nada. Es más; Él siempre dijo que su reino no era en la tierra, su reino estaba en el cielo. Cómo pues un simple mortal, un grupo de personas que se ungen como elegidos, tienen el atrevimiento de colocar la palabra de Dios en sus labios y cambiar las cosas a conveniencia. Esa no es la doctrina que Dios quiso para el hombre. Eso es solamente un gran negocio que trafica con la buena voluntad y la credulidad de la gente, eso realmente es un pecado…”

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno" de: Fernando Edmundo Sobenes Buitrón
Disponible en Amazon (Kindle)

viernes, 22 de mayo de 2015

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/05/fragmento-de-la-novela-el-visitante_22.html


“…A medida que la claridad penetraba más en la oscuridad de la noche, se podía ver con mayor amplitud el lugar donde se encontraban. Docenas de cruces de mármol y piedra, figuras de Cristo por doquier, vírgenes y santos inundaban el lugar. Ángeles y querubines en actitud piadosa, rogando por los cuerpos que reposaban en las tumbas, mujeres vestidas con túnicas y otras cubiertas por mantos. Las estatuas habían cobrado vida, adoptando una actitud lujuriosa, excitadas por el acto sexual que se llevaba a cabo sin que… reparara en lo que ocurría a su alrededor.

Las figuras descendieron de sus pedestales y lentamente comenzaron a acercarse a donde se encontraba la pareja tratando de no interrumpirlos. Venían de todos lados y sus ojos muertos de mármol brillaban con la luz que crecía en intensidad y reían. Cientos de carcajadas de niños y adultos, carcajadas espantosas, lunáticas que provenían de esos rostros de piedra y mármol salidos del más allá…”

sábado, 16 de mayo de 2015

Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno” de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/05/fragmento-de-la-novela-el-visitante_16.html


“…Sin despertar a su esposa, agarró su pistola bajo la almohada, abrió la mesita de noche y extrajo una linterna. Salió de la habitación y antes de seguir avanzando, comenzó a sentir los pasos más fuertes; no había duda, provenían de la cocina. Se quitó las pantuflas y se aproximó descalzo a la escalera tratando de no hacer ruido. Las pisadas continuaban, ahora podía sentir murmullos provenientes de allí.
Todo estaba oscuro, solamente los rayos de las luces de los faroles de la calle se colaban a través de las ventanas. Llegó por fin a la planta baja y continuó caminando por la sala, después por el comedor. Escuchaba las pisadas pero pudo percatarse que no eran de personas, eran pasos menudos y a la vez pesados, parecían ser de algún tipo de animal.
Llegó a la puerta de la cocina y muy despacio la abrió unos centímetros. Los ruidos cesaron. Sujetando con la mano derecha la pistola, sostuvo la linterna con la otra dirigiendo ambas hacia adelante alumbrando en esa dirección. No había nada, todo estaba en calma. Los utensilios de cocina, los platos, las ollas que colgaban cerca de la campana extractora, los cubiertos, todo estaba en su lugar. Prosiguió revisando, sin encontrar nada raro.
Abandonó la cocina dirigiéndose a la sala, se detuvo frente al ventanal que daba al jardín interior empezando a observarlo, cerciorándose que no hubiera nada extraño. 


—«Todo está bien— pensó — es producto de mi imaginación y mi falta de sueño, tengo que calmarme, debo estar tranquilo. Volvió a la sala y fue hacia el bar de madera, abrió un estante de donde extrajo una botella de whisky, un vaso y se sirvió una copa.»


Inesperadamente, volvieron los ruidos de la cocina, ahora más fuertes y pesados que antes. No había duda que alguien o algo estaban allí. Agarró nuevamente la pistola y se acercó lentamente hacia la puerta de donde provenían los ruidos de las pisadas.
Dio unos pasos y sintió bajo sus pies algo húmedo y pegajoso, mientras los ruidos continuaban.


—Pero, ¿qué…?—dijo y alumbró la planta de su pie derecho constatando que estaba manchada de rojo. — ¿Qué es esto?— Tocando la sustancia se percató que era sangre. — ¿estoy herido? — Miró su otro pie y también se encontraba igual.
—«Me estoy desangrando»—dijo para sí—, pero constató que no tenía ningún corte, ninguna herida en ambas extremidades.


Los sonidos proseguían y… alumbró hacia el piso, en dirección a la puerta de la cocina, observó que había un rastro de sangre muy grande, huellas que indicaban que un cuerpo fue arrastrado. El pánico lo empezaba a dominar pero se sobrepuso y, aguantando las náuseas, avanzó hacia la cocina abriendo la puerta de un golpe con la pistola lista para disparar y la luz de la linterna atravesando la oscuridad.”


Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno” de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

El “Visitante Maligno” y “El Visitante Maligno II” disponibles en Amazon (Kindle)

miércoles, 6 de mayo de 2015

Fragmento de la novela:" EL VISITANTE MALIGNO II" de FERNANDO EDMUNDO SOBENES BUITRÓN.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/05/fragmento-de-la-novela-el-visitante_6.html




            "...Embargada por las memorias suspiraba con nostalgia por todas aquellas cosas que pasaron juntos. Las lágrimas comenzaron  a resbalar sobre sus mejillas con ese sentimiento que brotaba desde lo más íntimo de su ser. Era una mezcla de diferentes emociones que en ese instante la hicieron flaquear un poco. Pero al recordar el rostro colmado de pavor de… y su llanto ocasionado por el maltrato de su padre, causó que la sensación de rabia cercenara de un golpe aquellas evocaciones que alguna vez fueron felices. De un momento a otro, envuelta en sus cavilaciones y sin saber cómo, se encontraba frente a la casa. Tomó el sobre y lo introdujo en la cartera, luego salió del auto con el bolso colgado de su hombro. Un sol desganado y deslucido se mostraba a través de unas capas de nubes sombrías dispersas que se iban acumulando poco a poco en una opaca mañana. Las mariposas amarillas, verdes y anaranjadas —tan comunes revoloteando por los jardines de las casas—estaban ausentes, al igual que las aves marrones que volaban en grupos; aquel día parecían haber elegido quedarse en los árboles y nidos aletargados por ese gris y arisco día.  


            Se detuvo frente a la entrada y de su bolso extrajo una llave que introdujo en la cerradura y abrió la puerta. Un desagradable hálito a suciedad, moho y orines la inundó haciendo que se cubriese la nariz tratando de evitar oler esa terrible pestilencia. La sala se hallaba en parte a oscuras, con las ventanas cubiertas por las cortinas dejando a duras penas penetrar algo de la tenue iluminación que llegaba del exterior.  Avanzó unos pasos dirigiéndose hacia uno de los ventanales, pero tropezó con algo que la hizo trastabillar, hasta casi rodar sobre el piso. Debido a que no podía ver con claridad, se adelantó hasta la pared donde se encontraba el interruptor y encendió la luz.


            El interior de la vivienda —su casa que tanto esfuerzo les costó levantar— se había convertido en un ambiente irreconocible. Los muebles estaban destrozados, partidos en pedazos. Parecía que los hubieran acuchillado brutalmente y mostraban sus entrañas de goma espuma blanca esparcida por el piso. Las mesas de vidrio y madera yacían rotas por diferentes lugares. La alfombra verde oscura lucía huecos por diferentes lados y manchas secas de líquidos derramados. En el lugar donde estuvo colgado el televisor de pared tan solo quedaban los soportes metálicos, mientras éste se apreciaba sobre el piso despedazado. Igual suerte corrieron los diferentes cuadros, lámparas y muebles que de forma patética, adornaban la sala de estar como si se tratara de un campo de batalla. 


             … miraba a su alrededor aún incrédula de lo que tenía ante sí. Pero lo más impresionante era la “nueva decoración” de la casa. Palabras, miles y miles de ellas dibujadas con diferentes colores: rojo, blanco y negro a largo y ancho de las paredes y el techo, que fueron utilizadas como un amplio lienzo y las letras las cubrían a plenitud. El estilo cursivo y enérgico indicaba que su autor era su esposo.

            —«Oh, cielos…—pensó— ¿Qué es esto?, ¿Qué sucedió aquí?»

            Aproximándose a la pared pudo por fin leer las palabras que la hicieron temblar de espanto:

            — ¡Puta, maldita puta! ¡Te voy a matar! No nos podrás separar. Perra. Bastardo hijo de puta. Te mataré al igual que a la perra de tu madre…

            — ¡Por todos los santos, se volvió loco!—murmuró impresionada…

            Continuó avanzando con dirección hacia la cocina, siguiendo el sendero de destrucción y suciedad que habían convertido su hogar en un muladar siniestro y pavoroso. La misma situación de caos y abandono se repetía en ese recinto, los platos destrozados en el piso al igual que los vasos hacían que su avance fuera difícil, teniendo que observar con cuidado los lugares donde posaba sus pies debido a los filosos fragmentos que se hallaban sobre el suelo. La refrigeradora desconectada y con la puerta abierta, despedía ese olor fétido a comida descompuesta que abarcaba la vivienda con aquella pestilencia enfermiza… Sin desear estar allí un segundo más decidió retirarse y llamar a la policía. Empezó a desandar su camino con dirección hacia la puerta de salida y podía observar su vehículo aparcado en la calle. Sentía miedo, mucho miedo; su instinto femenino le gritaba por un altavoz que se fuera, que se largara de ese lugar cuanto antes. Estaba convencida de que su vida corría peligro. De manera intempestiva, la puerta se cerró de golpe al tiempo que se extinguía la luz, dejándola sumida en aquel horror…"


Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno II” de
Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

"El Visitante Maligno I" y "El Visitante Maligno II"

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