domingo, 8 de marzo de 2015

Fragmento de la novela: El Visitante Maligno II de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.


http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/03/fragmento-de-la-novela-el-visitante.html


" El ulular de una lechuza lo volvió a la realidad reparando en lo intimidante del sitio donde eligió detenerse a meditar. Estaba lejos del pueblo; en medio del bosque, alumbrado por las luces del automóvil que actuaban como haces protectores de la tenebrosidad a su alrededor que intentaba alcanzarlo y ocultarlo entre las sombras. El descenso de la temperatura se hacía evidente debido a una ligera capa de niebla que poco a poco iba ocupando el entorno y posándose sobre el agua, flotando de forma espectral como el aliento de una formidable bestia habitante del inframundo. El frío empezaba a envolverlo y sentía sus manos heladas, por lo que decidió volver al auto para regresar al pueblo. 

Giró hacia atrás con la intención de volver sobres sus pasos, pero no pudo seguir avanzando. Algo lo hizo detenerse automáticamente causando que su alerta interna de pánico se activara encrespándole la piel como los pelos de un gato cuando arquea el lomo. A unos diez metros de distancia unas tétricas y difusas sombras de gran altura se hicieron presente delante del vehículo, cubriendo con su opacidad la luminosidad que despedía el coche y que dibujaba sus contornos. Las irreales imágenes emergidas de la niebla empezaron a tomar formas humanas, emanando una especie de humo negro que contrastaba con la luz procedente de atrás; poseían cabezas ovaladas, que remataban en cornamentas de venados. Esas espectrales imágenes habían formado una muralla sobrenatural que flotaba sobre el piso, mientras el hombre permanecía en el sitio pasmado por el horror de esa visión emergida de los lúgubres pantanos de la imaginación de un desquiciado…

…miró hacia los lados buscando una vía de escape para poder evadirse de esas dantescas apariciones, pero a su izquierda tenía la cabaña que se encontraba cerrada y sabía que de nada le serviría guarecerse en ésta, ya que aquellas cosas podrían franquear cualquier barrera debido a su condición etérea y sobrenatural. A su derecha se hallaba la vegetación con sus árboles oscuros y misteriosos que le condenaban a un extravío seguro ya que no conocía la zona. Tenía a sus espaldas el lago, ahora cubierto por una cortina de humo blanco tan densa que ocultaba el agua a la vista y una inmersión en el lago con ese clima tan gélido, le podría costar la vida debido a la hipotermia.

Haciendo un supremo esfuerzo por controlar sus temores y tratando de convencerse de que aquellas cosas no eran nada más que un producto de su imaginación, comenzó a caminar hacia adelante con dirección a esos seres espectrales; pero tan solo consiguió dar un par de pasos. Sus zapatos quedaron solados a la madera, bajó la vista para ver lo que le impedía su avance pero no puedo ver nada; las piernas no le respondían. Levantó la cara y para su pesar, las sombras comenzaron a acercársele levitando en forma silenciosa…"

Fragmento de la novela: El Visitante Maligno II de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

sábado, 21 de febrero de 2015

Oscuros pensamientos…

Soy desde hace tanto y tanto, que algunas veces pierdo la noción del tiempo sin hacer caso por un instante  de mi condición eterna. Todos me temen sabiendo que en algún momento sentirán mi inminente e implacable presencia. Algunos  dicen que no tengo piedad ni escrúpulo alguno en  cumplir con mi inexorable cometido, y de solo imaginarme acercándome soplando sobre sus cabezas, empiezan a temblar como las espigas en  un campo de trigo, estremecidas por la fuerza invisible y poderosa del viento en una tarde de invierno. Otros  anhelan mi presencia con la esperanza de escapar a su destino infeliz y lleno de tribulaciones; cual bálsamo de paz para liberarlos de su infausto vivir: ¡Pobres inocentes! ¡Si tan solo supieran que estoy con ellos desde el instante en que llegan a este mundo y no los abandono durante toda su permanencia en éste! —para unos, breve y para otros demasiado larga—. ¡Ah, insensatos! cambiarían su manera de pensar sobre mí si estuvieran en mi lugar…  ¡Si supieran cuánto daría por ser uno de ellos! Con gusto daría todo el tiempo de mi existencia por tener una partícula de aquello que disfrutan y llaman vida. ¡Qué no haría! por tan solo sentir los rayos del sol calentando esa maravillosa envoltura que carne que llaman cuerpo y que muchos desprecian sin saber el tesoro y la magia que implica el poder ser capaces de experimentar a través de las sensaciones: Oler el aroma de las flores, probar la más exquisita de las comidas; poder sentir sobre la piel la humedad de las gotas de lluvia deslizándose sobre ésta, apreciar lo que para ellos es una hermosa melodía y para mí es nada. ¡Nada!…  ¡No tienen idea de cuánto los envidio!  Si tan solo pudiera disfrutar de la compañía de alguien. Si pudiera sentir el abrazo de alguna persona, de eso que llaman afecto e inclusive amor.   Siempre he existido, invisible y a la espera. Estoy en millones de lugares al mismo tiempo, al acecho de los hombres desde su origen y observo en silencio, aguardando... Me  llaman de diferentes formas e inclusive dan rienda suelta a sus fantasías imaginando mi aspecto y la forma que tengo cuando llega el momento de dar sentido a mi razón de ser. ¡Ja! Lo que ellos no saben es que nunca me verán, que en el momento en que suponen debo hacer acto de presencia luego del último aliento, en el postrero instante de su vivir no tendrán la capacidad de advertir mi presencia, ya que no serán más… No entienden que soy solo la consecuencia, el resultado de sus acciones. No determino el momento en que llegara el final, son ellos; solo ellos…




Soy desde hace tanto y tanto, que algunas veces pierdo la noción del tiempo sin hacer caso por un instante  de mi condición eterna. Todos me temen sabiendo que en algún momento sentirán mi inminente e implacable presencia. Algunos  dicen que no tengo piedad ni escrúpulo alguno en  cumplir con mi inexorable cometido, y de solo imaginarme acercándome soplando sobre sus cabezas, empiezan a temblar como las espigas en  un campo de trigo, estremecidas por la fuerza invisible y poderosa del viento en una tarde de invierno. Otros  anhelan mi presencia con la esperanza de escapar a su destino infeliz y lleno de tribulaciones; cual bálsamo de paz para liberarlos de su infausto vivir: ¡Pobres inocentes! ¡Si tan solo supieran que estoy con ellos desde el instante en que llegan a este mundo y no los abandono durante toda su permanencia en éste! —para unos, breve y para otros demasiado larga—. ¡Ah, insensatos! cambiarían su manera de pensar sobre mí si estuvieran en mi lugar…


         ¡Si supieran cuánto daría por ser uno de ellos! Con gusto daría todo el tiempo de mi existencia por tener una partícula de aquello que disfrutan y llaman vida. ¡Qué no haría! por tan solo sentir los rayos del sol calentando esa maravillosa envoltura de carne que llaman cuerpo y que muchos desprecian sin saber el tesoro y la magia que implica el poder ser capaces de experimentar a través de las sensaciones: Oler el aroma de las flores, probar la más exquisita de las comidas; poder sentir sobre la piel la humedad de las gotas de lluvia deslizándose sobre ésta, apreciar lo que para ellos es una hermosa melodía y para mí es nada. ¡Nada!…  ¡No tienen idea de cuánto los envidio!  Si tan solo pudiera disfrutar de la compañía de alguien. Si pudiera sentir el abrazo de alguna persona, de eso que llaman afecto e inclusive amor. 


         Siempre he existido, invisible y a la espera. Estoy en millones de lugares al mismo tiempo, al acecho de los hombres desde su origen y observo en silencio, aguardando... Me  llaman de diferentes formas e inclusive dan rienda suelta a sus fantasías imaginando mi aspecto y la forma que tengo cuando llega el momento de dar sentido a mi razón de ser. ¡Ja! Lo que ellos no saben es que nunca me verán, que en el momento en que suponen debo hacer acto de presencia luego del último aliento, en el postrero instante de su vivir no tendrán la capacidad de advertir mi presencia, ya que no serán más… No entienden que soy solo la consecuencia, el resultado de sus acciones. No determino el momento en que llegara el final, son ellos; solo ellos…

jueves, 12 de febrero de 2015

Fragmento de la novela: El Visitante Maligno II






“…La cabeza del cadáver había sido abierta y descansaba sobre un soporte metálico que la sostenía manteniéndola un poco más alta que el resto del cuerpo. Había sido seccionada como si fuera una nuez y la bóveda craneana reposaba a un lado así como el cerebro, cual masa de gruesos gusanos fofos, ambarinos, apelmazados y cubiertos por una película transparente y resbalosa, como si se tratara de un calcetín doblado de adentro hacia afuera sobre sí mismo. El rostro estaba cubierto por un colgajo de piel similar a una horripilante máscara roja amarilla, que dejaba al descubierto los diversos tejidos orgánicos contenidos en esa zona, alcanzando el límite inferior del mentón del fallecido producto del corte realizado por el patólogo forense que unió ambas apófisis mastoides; desprendiendo la piel de la cara haciéndola plegar sobre la superficie despellejada. En el lado opuesto al rostro, el cuero cabelludo lucía replegado; comprimido sobre sí mismo y soportando el peso de lo que permanecía de la cabeza. La piel dividida de esa parte del cadáver parecía la cáscara de una banana al ser abierta en dos mitades. 



      Un gran corte en “T” empezando en los hombros, uniéndose en el esternón y llegando hasta el pubis dejó abierto el tronco como si se tratara de una tremenda boca con sus labios de carne colgando hacia los lados del tórax y vientre; dejando al descubierto su interior el cual había sido saqueado sin piedad. Los diversos órganos: corazón, pulmones, hígado, bazo, vesícula, estómago páncreas, e intestinos yacían abandonados al lado del cuerpo como los pedazos de relleno de una marioneta destrozada por un niño caprichoso en un arrebato de furia, creando un gran vacío similar a una gruta espantosa y sangrienta, que enseñaba sin pudor los huesos de la columna vertebrar y parte de las costillas.  La lengua unida a la tráquea reposaba al fondo de esa caverna humana como una corbata feral y siniestra.  Una canaleta en el borde de la mesa recogía los fluidos sangrientos y fermentados del cadáver que se desplazaban llevados por el agua, vertiéndose a través del orificio de una tubería escondida en un ángulo de la superficie, y desapareciendo a través del sumidero al lado opuesto…”





viernes, 30 de enero de 2015

El Visitante Maligno II: Fragmento.







"...De un momento a otro la iluminación de la habitación empezó a titilar menguando su intensidad ocasionando que la alcoba adquiriese un tinte extraño y mortecino. El ambiente a media luz lo sentía raro y pesado. Daba la impresión de que una fuerza invisible se hallaba en la recámara y le proporcionaba un sentimiento de angustia y temor; similar al momento en que una persona se encuentra en un funeral y al aproximarse al ataúd para ver a quien yace en su interior, no puede impedir sobresaltarse al saber que estará cara a cara con la muerte y que en cualquier momento llegará su turno de ocupar aquel lugar, sin lugar a duda. En un principio… intentó no darle importancia: —«es una baja de corriente—pensó—seguramente durará unos segundos.» — Sin embargo la luz no recobró su intensidad habitual. Con esa pobre y anormal iluminación las sombras de los muebles y demás enseres del dormitorio adoptaron formas diversas e insólitas, similares a criaturas al acecho mostrándose siniestras, sobrenaturales y fantásticas, empezando a causarle temor. Miraba hacia todos los rincones de la alcoba cerciorándose de que estaba sola: más, tenía el presentimiento de que no era así… 

Desde el techo la lámpara principal reflejaba una larga silueta empezando por su base alargada que reflejaba una delgada línea, la cual paulatinamente iba ensanchándose hasta llegar a la pared; al mismo tiempo que los negros reflejos de los bombillos se transformaban en horripilantes dedos, que al alcanzar la unión con el piso se estiraban hasta tocar con sus puntas el lecho; como si fueran las garras de un ave de rapiña envolviéndolas con su macabra lobreguez. Frente a… la pantalla apagada del televisor le devolvía su figura sobre la cama abrazada a la almohada, y la forma terrorífica de la garra desde la parte de arriba se prolongaba hasta su cabeza y continuaba descendiendo lentamente. Sorprendida miraba esa atemorizante silueta que inundaba todo el lugar, como una mortaja siniestra y letal que la colmó de pavor. De un salto se puso de pie, tratando de huir de esa horrible opacidad dirigiéndose hacia la puerta; quería escapar de allí como fuera posible. Giró la manilla pero no pudo salir; “alguien” o “algo” la encerraron, a la vez que la oscuridad iba en aumento. A prisa, se encaminó hacia la ventana para tratar de huir, pero al cruzar frente al espejo pudo captar con el rabillo del ojo algo que captó su atención, pero debido a la oscuridad le era difícil reconocer. Aproximándose al vidrio, se detuvo paralizada por aquel reflejo. Detallando la imagen que tenía al frente contempló que su rostro no era el mismo de siempre. La frente, mejillas y mentón estaban surcados por terribles y profundas arrugas. Los anteriormente bellos ojos verdes lucían apagados y sin vida cubiertos de una película opaca, como si tuvieran cataratas. Los labios rosados y sensuales se transformaron en dos especies de gusanos arrugados y marchitos de color grana, que entreabiertos, dejaban ver unos dientes amarillentos y marrones. Las pecas que adornaban su rostro se transformaron en pequeñas verrugas de color marrón oscuro y su cabello se tornó completamente blanco al igual que sus cejas. Su cara decrépita y macilenta representaba a una persona de más de un siglo de existencia.

Trató de gritar pero le fue imposible. Su garganta se hallaba seca, cual si hubiese tragado un puñado de aserrín y le impedía emitir sonido alguno. Quiso moverse pero su cuerpo no le respondía. Comenzó a observar sus brazos arrugados y flácidos; los colgajos de piel llenos de estrías se sostenían en sus huesos como si se trataran de alas de un murciélago. Bajó la mirada y la impresión fue peor. Sus turgentes y atractivos senos se convirtieron en dos ubres aplastadas que se aferraban a la piel sosteniéndose apenas y amenazando con desprenderse de su torso. Las hermosas piernas se transformaron en un par de palos horrendos envueltos en una piel informe, llena de arrugas y várices inflamadas verdes y moradas. Algunos vasos capilares se mostraban claramente bajo su mortecina humanidad desplegándose como pequeñas telas de araña de color violáceo. Los dedos de sus pies previamente diminutos, delicados y pulcramente cuidados; eran una especie de patas de gallina; estaban deformes, colmados de callos y juanetes cabalgados por venas varicosas y coronados por unas asquerosas uñas negras resquebrajadas y deformes. Del cuello hacia abajo estaba paralizada como si una fuerza invisible la obligase a ver el espectáculo terrible; aquel esqueleto viviente, una tremebunda y aborrecible caricatura de ser humano. La imagen de la decrepitud: repulsiva, roñosa, caduca y cubierta de pliegues en que se transformó.

Empezó a temblar dominada por el pavor. Haciendo un supremo esfuerzo puso las manos en sus mejillas para tocarse y cerciorarse de lo que le sucedía, pero fue peor. Dos escalofriantes manos huesudas, marchitas, ajadas y plagadas de efélides oscuras, culminaban en unas deformadas y atemorizantes uñas curvas marrones que sobresalían los bordes de su rostro…"

Visita mi página en Facebook: https://www.facebook.com/autorfernandosobenes

Puedes adquirir ambas novelas:

"El Visitante Maligno" y "El Visitante Maligno II" en:
http://www.amazon.com/Fernando-Sobenes/e/B005H895FQ
Formato digital (Kindle)

viernes, 23 de enero de 2015

El Visitante Maligno II: Capítulo XVI (Fragmento)



http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/01/el-visitante-maligno-ii-capitulo-xvi.html

"...Los disparos salieron de manera vertiginosa del negro cañón metálico que escupía los proyectiles invisibles seguidos de pequeñas llamaradas, en tanto que el corredor se llenaba del humo de la pólvora quemada, y los ruidos de los disparos retumbaban ensordecedoramente como cornetas de la muerte anunciando la llegada del apocalipsis. El día del juicio final los había alcanzado… Después de efectuar los quince disparos restantes no quedaba nadie de pie en el corredor a excepción del pistolero. Los alumnos se hallaban en el suelo como si fuera una pila de carne humana, cosidos a balazos mientras el líquido carmesí se escurría de sus cuerpos por todos lados. Los tres primeros sucumbieron en el acto, mientras los otros todavía se movían. Una de las muchachas lloraba de dolor debido a que un proyectil le atravesó la clavícula destrozándosela y la segunda ingresó por su vientre perforándole el hígado; mientras que otro estudiante había caído mortalmente herido en el corazón y en diversas partes derrumbándose sobre ésta, manteniendo aprisionada su cabeza. Otro de ellos al escuchar los disparos se arrojó al suelo, pero no pudo evitar que una de las balas le rozara el rostro cortándole la oreja izquierda. La pistola con el conjunto móvil hacia atrás —indicando que no quedaban más municiones en el cargador — mostraba su siniestra boca lateral abierta y anunciaba que todavía quería más, mucho más… Necesitaba alimentarse de esos pequeños objetos cilíndricos de bronce. Diminutos e inanimados instrumentos de terror y muerte para proseguir con la carnicería que recién comenzaba… "

Fragmento de la novela: El Visitante Maligno II. Capítulo XVI de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

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