viernes, 3 de julio de 2015

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno II" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/07/fragmento-de-la-novela-el-visitante.html

“…Volteó pesadamente y todo a su alrededor se desarrolló de una forma irreal al igual que si estuviera reproduciendo en cámara lenta. Podía ver cómo los soldados enemigos se acercaban rematando a los heridos, disparándoles y degollándolos con saña. Desatando toda su crueldad en los sobrevivientes, transformando el desierto en un protervo espectáculo infernal. El ardor inicial desapareció y en ese instante su cerebro por fin pudo emitir la orden de levantarse; correr y escapar. Intentó incorporarse, pero una nueva explosión se hizo presente a su lado como un fantasma aparecido de la nada. Aturdido se apoyó con las manos en la arena para ponerse de pie, pero para su desdicha, pudo comprobar que le faltaban las piernas. Habían sido arrancadas como consecuencia del estallido y se estaba desangrando. Los soldados iraquíes estaban cerca; los rostros enemigos iban aclarándose mientras…, levantando la cara desde el suelo, los veía sin poder reincorporarse. Estaba resignado a su fatal destino, cuando se percató desconcertado que se trataba de niños. Utilizaban uniformes que no iban con sus cuerpos, les quedaban grandes y grotescos; pero hacían gala de un sadismo y ferocidad inimaginables. Algunos heridos recibían disparos en las cabezas a boca de jarro, mientras otros eran destazados con lentitud. Otros eran decapitados y los soldados se arrojaban las cabezas, jugando con ellas riendo y gritando. Como si se tratara de un partido de futbol. Las risas menudas, infantiles y alegres, contrastaban con el pánico del momento, la oscuridad de la noche y la inminencia de la muerte que ya sentía próxima."

"Se sentía desfallecer cuando los pequeños soldados dejaron de jugar y se acercaron rodeándole y permanecieron mirándolo desangrar abandonado sobre la arena. El primero de ellos, que acababa de decapitar a uno de los heridos, tenía el casco muy grande que le cubría parte de la cara. Había dejado su fusil en el piso y en la mano derecha blandía el machete que estaba teñido de rojo con el que estuvo masacrando a los soldados y se le acercó lentitud. Siempre su sueño llegaba hasta allí y se despertaba sudando espantado; pero ese día, el soldado se quitó el casco...”

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno II" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

domingo, 14 de junio de 2015

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/06/fragmento-de-la-novela-el-visitante.html


"...Avanzó un poco y vio algo de reojo que lo hizo estremecerse y soltar el cadáver el cual, al precipitarse, terminó de deshacerse, manchando por completo el piso y salpicando de fluidos y pestilencia a los presentes. Volteó hacia la derecha quedando frente al espejo de la habitación contemplando su imagen; por fin pudo darse cuenta de la realidad, su ropa estaba destrozada, desde la cabeza a los pies era un amasijo de suciedad, podredumbre y pestilencia. Los colores de la sangre seca, los restos de piel muerta, insectos y demás despojos lucían sobre su cuerpo como adornos horrorosos testigos de toda la aberración cometida por éste..."

"Quiso emitir un grito, pero no salía nada de su garganta. Trató de dar un paso, pero no pudo, tropezó con algo, miró hacia abajo percatándose de los pedazos de cadáver en el piso, su cabeza no dio más y se desplomó sin sentido..."

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

"El Visitante Maligno" y "El Visitante Maligno II" disponibles en formato digital: (Amazon KIndle)

lunes, 1 de junio de 2015

Fragmento de la nvoela: "El Visitante Maligno" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/06/fragmento-de-la-nvoela-el-visitante.html


“…A mí no me tienes que convencer, no me estás vendiendo ningún producto. Ambos sabemos que todo es un juego de poder, es muy fácil que un grupo de ancianos acostumbrados a vivir en la bonanza, en la riqueza, se junten para escribir normas, decretos y crear pecados a voluntad. La Iglesia no sigue la enseñanza de Cristo, lo que está escrito en la Biblia no es profesado por la cúpula eclesiástica. Jesús nunca vivió en la abundancia ni andaba con ropas lujosas ni joyas, ni se hospedaba en los mejores lugares. Cristo siempre fue muy humilde, Él nos enseñó el amor. “Amar a tu prójimo” “amar inclusive hasta a tus enemigos” Él jamás dijo que honrásemos estatuas ni efigies de santos, ni vírgenes ni nada de nada. Es más; Él siempre dijo que su reino no era en la tierra, su reino estaba en el cielo. Cómo pues un simple mortal, un grupo de personas que se ungen como elegidos, tienen el atrevimiento de colocar la palabra de Dios en sus labios y cambiar las cosas a conveniencia. Esa no es la doctrina que Dios quiso para el hombre. Eso es solamente un gran negocio que trafica con la buena voluntad y la credulidad de la gente, eso realmente es un pecado…”

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno" de: Fernando Edmundo Sobenes Buitrón
Disponible en Amazon (Kindle)

viernes, 22 de mayo de 2015

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/05/fragmento-de-la-novela-el-visitante_22.html


“…A medida que la claridad penetraba más en la oscuridad de la noche, se podía ver con mayor amplitud el lugar donde se encontraban. Docenas de cruces de mármol y piedra, figuras de Cristo por doquier, vírgenes y santos inundaban el lugar. Ángeles y querubines en actitud piadosa, rogando por los cuerpos que reposaban en las tumbas, mujeres vestidas con túnicas y otras cubiertas por mantos. Las estatuas habían cobrado vida, adoptando una actitud lujuriosa, excitadas por el acto sexual que se llevaba a cabo sin que… reparara en lo que ocurría a su alrededor.

Las figuras descendieron de sus pedestales y lentamente comenzaron a acercarse a donde se encontraba la pareja tratando de no interrumpirlos. Venían de todos lados y sus ojos muertos de mármol brillaban con la luz que crecía en intensidad y reían. Cientos de carcajadas de niños y adultos, carcajadas espantosas, lunáticas que provenían de esos rostros de piedra y mármol salidos del más allá…”

sábado, 16 de mayo de 2015

Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno” de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/05/fragmento-de-la-novela-el-visitante_16.html


“…Sin despertar a su esposa, agarró su pistola bajo la almohada, abrió la mesita de noche y extrajo una linterna. Salió de la habitación y antes de seguir avanzando, comenzó a sentir los pasos más fuertes; no había duda, provenían de la cocina. Se quitó las pantuflas y se aproximó descalzo a la escalera tratando de no hacer ruido. Las pisadas continuaban, ahora podía sentir murmullos provenientes de allí.
Todo estaba oscuro, solamente los rayos de las luces de los faroles de la calle se colaban a través de las ventanas. Llegó por fin a la planta baja y continuó caminando por la sala, después por el comedor. Escuchaba las pisadas pero pudo percatarse que no eran de personas, eran pasos menudos y a la vez pesados, parecían ser de algún tipo de animal.
Llegó a la puerta de la cocina y muy despacio la abrió unos centímetros. Los ruidos cesaron. Sujetando con la mano derecha la pistola, sostuvo la linterna con la otra dirigiendo ambas hacia adelante alumbrando en esa dirección. No había nada, todo estaba en calma. Los utensilios de cocina, los platos, las ollas que colgaban cerca de la campana extractora, los cubiertos, todo estaba en su lugar. Prosiguió revisando, sin encontrar nada raro.
Abandonó la cocina dirigiéndose a la sala, se detuvo frente al ventanal que daba al jardín interior empezando a observarlo, cerciorándose que no hubiera nada extraño. 


—«Todo está bien— pensó — es producto de mi imaginación y mi falta de sueño, tengo que calmarme, debo estar tranquilo. Volvió a la sala y fue hacia el bar de madera, abrió un estante de donde extrajo una botella de whisky, un vaso y se sirvió una copa.»


Inesperadamente, volvieron los ruidos de la cocina, ahora más fuertes y pesados que antes. No había duda que alguien o algo estaban allí. Agarró nuevamente la pistola y se acercó lentamente hacia la puerta de donde provenían los ruidos de las pisadas.
Dio unos pasos y sintió bajo sus pies algo húmedo y pegajoso, mientras los ruidos continuaban.


—Pero, ¿qué…?—dijo y alumbró la planta de su pie derecho constatando que estaba manchada de rojo. — ¿Qué es esto?— Tocando la sustancia se percató que era sangre. — ¿estoy herido? — Miró su otro pie y también se encontraba igual.
—«Me estoy desangrando»—dijo para sí—, pero constató que no tenía ningún corte, ninguna herida en ambas extremidades.


Los sonidos proseguían y… alumbró hacia el piso, en dirección a la puerta de la cocina, observó que había un rastro de sangre muy grande, huellas que indicaban que un cuerpo fue arrastrado. El pánico lo empezaba a dominar pero se sobrepuso y, aguantando las náuseas, avanzó hacia la cocina abriendo la puerta de un golpe con la pistola lista para disparar y la luz de la linterna atravesando la oscuridad.”


Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno” de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

El “Visitante Maligno” y “El Visitante Maligno II” disponibles en Amazon (Kindle)

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