viernes, 22 de mayo de 2015

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/05/fragmento-de-la-novela-el-visitante_22.html


“…A medida que la claridad penetraba más en la oscuridad de la noche, se podía ver con mayor amplitud el lugar donde se encontraban. Docenas de cruces de mármol y piedra, figuras de Cristo por doquier, vírgenes y santos inundaban el lugar. Ángeles y querubines en actitud piadosa, rogando por los cuerpos que reposaban en las tumbas, mujeres vestidas con túnicas y otras cubiertas por mantos. Las estatuas habían cobrado vida, adoptando una actitud lujuriosa, excitadas por el acto sexual que se llevaba a cabo sin que… reparara en lo que ocurría a su alrededor.

Las figuras descendieron de sus pedestales y lentamente comenzaron a acercarse a donde se encontraba la pareja tratando de no interrumpirlos. Venían de todos lados y sus ojos muertos de mármol brillaban con la luz que crecía en intensidad y reían. Cientos de carcajadas de niños y adultos, carcajadas espantosas, lunáticas que provenían de esos rostros de piedra y mármol salidos del más allá…”

sábado, 16 de mayo de 2015

Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno” de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/05/fragmento-de-la-novela-el-visitante_16.html


“…Sin despertar a su esposa, agarró su pistola bajo la almohada, abrió la mesita de noche y extrajo una linterna. Salió de la habitación y antes de seguir avanzando, comenzó a sentir los pasos más fuertes; no había duda, provenían de la cocina. Se quitó las pantuflas y se aproximó descalzo a la escalera tratando de no hacer ruido. Las pisadas continuaban, ahora podía sentir murmullos provenientes de allí.
Todo estaba oscuro, solamente los rayos de las luces de los faroles de la calle se colaban a través de las ventanas. Llegó por fin a la planta baja y continuó caminando por la sala, después por el comedor. Escuchaba las pisadas pero pudo percatarse que no eran de personas, eran pasos menudos y a la vez pesados, parecían ser de algún tipo de animal.
Llegó a la puerta de la cocina y muy despacio la abrió unos centímetros. Los ruidos cesaron. Sujetando con la mano derecha la pistola, sostuvo la linterna con la otra dirigiendo ambas hacia adelante alumbrando en esa dirección. No había nada, todo estaba en calma. Los utensilios de cocina, los platos, las ollas que colgaban cerca de la campana extractora, los cubiertos, todo estaba en su lugar. Prosiguió revisando, sin encontrar nada raro.
Abandonó la cocina dirigiéndose a la sala, se detuvo frente al ventanal que daba al jardín interior empezando a observarlo, cerciorándose que no hubiera nada extraño. 


—«Todo está bien— pensó — es producto de mi imaginación y mi falta de sueño, tengo que calmarme, debo estar tranquilo. Volvió a la sala y fue hacia el bar de madera, abrió un estante de donde extrajo una botella de whisky, un vaso y se sirvió una copa.»


Inesperadamente, volvieron los ruidos de la cocina, ahora más fuertes y pesados que antes. No había duda que alguien o algo estaban allí. Agarró nuevamente la pistola y se acercó lentamente hacia la puerta de donde provenían los ruidos de las pisadas.
Dio unos pasos y sintió bajo sus pies algo húmedo y pegajoso, mientras los ruidos continuaban.


—Pero, ¿qué…?—dijo y alumbró la planta de su pie derecho constatando que estaba manchada de rojo. — ¿Qué es esto?— Tocando la sustancia se percató que era sangre. — ¿estoy herido? — Miró su otro pie y también se encontraba igual.
—«Me estoy desangrando»—dijo para sí—, pero constató que no tenía ningún corte, ninguna herida en ambas extremidades.


Los sonidos proseguían y… alumbró hacia el piso, en dirección a la puerta de la cocina, observó que había un rastro de sangre muy grande, huellas que indicaban que un cuerpo fue arrastrado. El pánico lo empezaba a dominar pero se sobrepuso y, aguantando las náuseas, avanzó hacia la cocina abriendo la puerta de un golpe con la pistola lista para disparar y la luz de la linterna atravesando la oscuridad.”


Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno” de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

El “Visitante Maligno” y “El Visitante Maligno II” disponibles en Amazon (Kindle)

miércoles, 6 de mayo de 2015

Fragmento de la novela:" EL VISITANTE MALIGNO II" de FERNANDO EDMUNDO SOBENES BUITRÓN.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/05/fragmento-de-la-novela-el-visitante_6.html




            "...Embargada por las memorias suspiraba con nostalgia por todas aquellas cosas que pasaron juntos. Las lágrimas comenzaron  a resbalar sobre sus mejillas con ese sentimiento que brotaba desde lo más íntimo de su ser. Era una mezcla de diferentes emociones que en ese instante la hicieron flaquear un poco. Pero al recordar el rostro colmado de pavor de… y su llanto ocasionado por el maltrato de su padre, causó que la sensación de rabia cercenara de un golpe aquellas evocaciones que alguna vez fueron felices. De un momento a otro, envuelta en sus cavilaciones y sin saber cómo, se encontraba frente a la casa. Tomó el sobre y lo introdujo en la cartera, luego salió del auto con el bolso colgado de su hombro. Un sol desganado y deslucido se mostraba a través de unas capas de nubes sombrías dispersas que se iban acumulando poco a poco en una opaca mañana. Las mariposas amarillas, verdes y anaranjadas —tan comunes revoloteando por los jardines de las casas—estaban ausentes, al igual que las aves marrones que volaban en grupos; aquel día parecían haber elegido quedarse en los árboles y nidos aletargados por ese gris y arisco día.  


            Se detuvo frente a la entrada y de su bolso extrajo una llave que introdujo en la cerradura y abrió la puerta. Un desagradable hálito a suciedad, moho y orines la inundó haciendo que se cubriese la nariz tratando de evitar oler esa terrible pestilencia. La sala se hallaba en parte a oscuras, con las ventanas cubiertas por las cortinas dejando a duras penas penetrar algo de la tenue iluminación que llegaba del exterior.  Avanzó unos pasos dirigiéndose hacia uno de los ventanales, pero tropezó con algo que la hizo trastabillar, hasta casi rodar sobre el piso. Debido a que no podía ver con claridad, se adelantó hasta la pared donde se encontraba el interruptor y encendió la luz.


            El interior de la vivienda —su casa que tanto esfuerzo les costó levantar— se había convertido en un ambiente irreconocible. Los muebles estaban destrozados, partidos en pedazos. Parecía que los hubieran acuchillado brutalmente y mostraban sus entrañas de goma espuma blanca esparcida por el piso. Las mesas de vidrio y madera yacían rotas por diferentes lugares. La alfombra verde oscura lucía huecos por diferentes lados y manchas secas de líquidos derramados. En el lugar donde estuvo colgado el televisor de pared tan solo quedaban los soportes metálicos, mientras éste se apreciaba sobre el piso despedazado. Igual suerte corrieron los diferentes cuadros, lámparas y muebles que de forma patética, adornaban la sala de estar como si se tratara de un campo de batalla. 


             … miraba a su alrededor aún incrédula de lo que tenía ante sí. Pero lo más impresionante era la “nueva decoración” de la casa. Palabras, miles y miles de ellas dibujadas con diferentes colores: rojo, blanco y negro a largo y ancho de las paredes y el techo, que fueron utilizadas como un amplio lienzo y las letras las cubrían a plenitud. El estilo cursivo y enérgico indicaba que su autor era su esposo.

            —«Oh, cielos…—pensó— ¿Qué es esto?, ¿Qué sucedió aquí?»

            Aproximándose a la pared pudo por fin leer las palabras que la hicieron temblar de espanto:

            — ¡Puta, maldita puta! ¡Te voy a matar! No nos podrás separar. Perra. Bastardo hijo de puta. Te mataré al igual que a la perra de tu madre…

            — ¡Por todos los santos, se volvió loco!—murmuró impresionada…

            Continuó avanzando con dirección hacia la cocina, siguiendo el sendero de destrucción y suciedad que habían convertido su hogar en un muladar siniestro y pavoroso. La misma situación de caos y abandono se repetía en ese recinto, los platos destrozados en el piso al igual que los vasos hacían que su avance fuera difícil, teniendo que observar con cuidado los lugares donde posaba sus pies debido a los filosos fragmentos que se hallaban sobre el suelo. La refrigeradora desconectada y con la puerta abierta, despedía ese olor fétido a comida descompuesta que abarcaba la vivienda con aquella pestilencia enfermiza… Sin desear estar allí un segundo más decidió retirarse y llamar a la policía. Empezó a desandar su camino con dirección hacia la puerta de salida y podía observar su vehículo aparcado en la calle. Sentía miedo, mucho miedo; su instinto femenino le gritaba por un altavoz que se fuera, que se largara de ese lugar cuanto antes. Estaba convencida de que su vida corría peligro. De manera intempestiva, la puerta se cerró de golpe al tiempo que se extinguía la luz, dejándola sumida en aquel horror…"


Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno II” de
Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

"El Visitante Maligno I" y "El Visitante Maligno II"

Disponibles en Amazon (Kindle). No te las pierdas...



"A tí"...

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/05/a-ti.html



"A ti amiga; amigo lector. Que con amabilidad y paciencia  te dejas sumergir en el recóndito averno de mis pesadillas que a veces horrorizan y escandalizan tu apacible vivir; permíteme agradecerte por ser ese lucero de cordura en este mar oscuro que bulle con vida propia en mi mente  y eres capaz de interpretar—con tu indulgencia—  entre mis perturbadores escritos, que existe un atisbo de lucidez en éstos. Que hay una chispa de cordura en mis narraciones tétricas; perturbadoras y siniestras. A veces  infernales que brotan sin control del enmarañado laberinto de mi imaginación alucinante e irreverente, y consientes que te narre historias que  sirven para drenar la procesión de espantos y seres inimaginables que allí  se cobijan; como larvas y otras alimañas en una arcana e íngrima   tumba  contorsionándose, haciendo un supremo esfuerzo se  arrastran desplazándose a ciegas y buscando la salida. Se abren paso entra la tierra profana y la osamenta mancillada de un cadáver sin nombre rompiendo la descompuesta madera que lo contiene, hasta lograr evadir su aterrador confinamiento convirtiéndose en una historia; algo parecido —quizás— a un cuento o novela que  plasmo en el lienzo digital ante tus ojos, y me hace sentir que no he perdido la razón..."


            Muchas gracias por hacerme creer que hay una chispa de creatividad en mí. Muchas gracias por tomarte la molestia de leerme. Muchas gracias por seguirme e indicar que te agrada mi intento de llegar a ser escritor, algún día…


viernes, 1 de mayo de 2015

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno II" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/05/fragmento-de-la-novela-el-visitante.html




“…había terminado de bañarse y se visitó únicamente con una bata de color rojo. Estaba ansioso esperando el arribo de John, su monaguillo. El muchacho debía llegar temprano por las mañanas llevando el pan y la leche para desayunar con el sacerdote como lo hacían todos los días. El clérigo se sentía impaciente por ver a “su conejito Johnny” y muy ansioso por la llegada de los policías el día anterior. No sabía que información manejaba ese tal Missarelli en concreto, pero no le preocupaba demasiado. En todos estos años tuvo varios inconvenientes sobre asuntos con sus “conejitos” como llamaba a sus presas, pero nunca sucedió nada. En el caso más serio tuvo que ser cambiado de destino pero continuó con sus andadas. La iglesia miraba hacia otro lado cuando se trataba de estas cosas y además el cura estaba apoyado por un cardenal que se encontraba en El Vaticano; eran primos hermanos y hasta fueron compañeros en el seminario. Se comunicaban con regularidad y mantenían viva su relación a través de los años. Por el poder del purpurado y la gran influencia que poseía en los más elevados grados de la iglesia, O´Donell era prácticamente intocable. El problema se presentó por la gran cantidad de denuncias que hubo en su contra y llegaron al oído del santo padre a quien no le quedó más remedio que prestar atención. Todo hubiera transcurrido como agua bajo el puente, pero no tomaron en cuenta la intervención de Roberto Missarelli.



      El cura acariciaba su arrugado pene, esperando la llegada del muchacho y caminaba por la habitación pensando: — « ¿por qué estará tardando tanto? Antes de desayunar iremos al confesionario y le voy a dar su penitencia…» Je, je, je…— comenzó a reír mientras su pequeño miembro se endurecía excitado pensando en el monaguillo. Desató su bata abriéndola y bajó la cabeza intentando mirar su erección; pero una gran barriga blanca, fofa y amorfa, poblada de vellos canosos le impidió observar sus genitales. Se detuvo frente al espejo despojándose de la prenda de vestir y levantó los brazos como si fuesen asas, tensando sus músculos tratando de meter la barriga sin conseguirlo; logrando obtener la imagen deplorable de un viejo pervertido y repulsivo. El rostro marcado por años terminaba en una papada que le cubría parte del ancho cuello. De su pecho fofo colgaban las tetillas como si fuesen los senos de una mujer obesa surcados por los vellos que como un camino, descendían hasta su abdomen, pasando por su ombligo y llegando hasta su sexo. Los brazos lucían tristemente grotescos cual si se tratara de una caricatura, donde debajo de los brazos colgaban unas impresionantes bolsas que daban la impresión de que los bíceps hubiesen descendido por efecto de la gravedad, situándose en la parte anterior de las extremidades. Sus piernas medianas y rechonchas, estaban plagadas de pelos y en la piel de las rodillas era posible observar gran cantidad de líneas irregulares, como si se tratase de papel arrugado. 

     

      En ese momento sintió un ruido que provenía desde la parte de abajo de la iglesia.



      —John, Johnny. ¿Eres tú?— preguntó el cura...”




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