sábado, 25 de abril de 2015

domingo, 8 de marzo de 2015

Fragmento de la novela: El Visitante Maligno II de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.


http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/03/fragmento-de-la-novela-el-visitante.html


" El ulular de una lechuza lo volvió a la realidad reparando en lo intimidante del sitio donde eligió detenerse a meditar. Estaba lejos del pueblo; en medio del bosque, alumbrado por las luces del automóvil que actuaban como haces protectores de la tenebrosidad a su alrededor que intentaba alcanzarlo y ocultarlo entre las sombras. El descenso de la temperatura se hacía evidente debido a una ligera capa de niebla que poco a poco iba ocupando el entorno y posándose sobre el agua, flotando de forma espectral como el aliento de una formidable bestia habitante del inframundo. El frío empezaba a envolverlo y sentía sus manos heladas, por lo que decidió volver al auto para regresar al pueblo. 

Giró hacia atrás con la intención de volver sobres sus pasos, pero no pudo seguir avanzando. Algo lo hizo detenerse automáticamente causando que su alerta interna de pánico se activara encrespándole la piel como los pelos de un gato cuando arquea el lomo. A unos diez metros de distancia unas tétricas y difusas sombras de gran altura se hicieron presente delante del vehículo, cubriendo con su opacidad la luminosidad que despedía el coche y que dibujaba sus contornos. Las irreales imágenes emergidas de la niebla empezaron a tomar formas humanas, emanando una especie de humo negro que contrastaba con la luz procedente de atrás; poseían cabezas ovaladas, que remataban en cornamentas de venados. Esas espectrales imágenes habían formado una muralla sobrenatural que flotaba sobre el piso, mientras el hombre permanecía en el sitio pasmado por el horror de esa visión emergida de los lúgubres pantanos de la imaginación de un desquiciado…

…miró hacia los lados buscando una vía de escape para poder evadirse de esas dantescas apariciones, pero a su izquierda tenía la cabaña que se encontraba cerrada y sabía que de nada le serviría guarecerse en ésta, ya que aquellas cosas podrían franquear cualquier barrera debido a su condición etérea y sobrenatural. A su derecha se hallaba la vegetación con sus árboles oscuros y misteriosos que le condenaban a un extravío seguro ya que no conocía la zona. Tenía a sus espaldas el lago, ahora cubierto por una cortina de humo blanco tan densa que ocultaba el agua a la vista y una inmersión en el lago con ese clima tan gélido, le podría costar la vida debido a la hipotermia.

Haciendo un supremo esfuerzo por controlar sus temores y tratando de convencerse de que aquellas cosas no eran nada más que un producto de su imaginación, comenzó a caminar hacia adelante con dirección a esos seres espectrales; pero tan solo consiguió dar un par de pasos. Sus zapatos quedaron solados a la madera, bajó la vista para ver lo que le impedía su avance pero no puedo ver nada; las piernas no le respondían. Levantó la cara y para su pesar, las sombras comenzaron a acercársele levitando en forma silenciosa…"

Fragmento de la novela: El Visitante Maligno II de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

sábado, 21 de febrero de 2015

Oscuros pensamientos…

Soy desde hace tanto y tanto, que algunas veces pierdo la noción del tiempo sin hacer caso por un instante  de mi condición eterna. Todos me temen sabiendo que en algún momento sentirán mi inminente e implacable presencia. Algunos  dicen que no tengo piedad ni escrúpulo alguno en  cumplir con mi inexorable cometido, y de solo imaginarme acercándome soplando sobre sus cabezas, empiezan a temblar como las espigas en  un campo de trigo, estremecidas por la fuerza invisible y poderosa del viento en una tarde de invierno. Otros  anhelan mi presencia con la esperanza de escapar a su destino infeliz y lleno de tribulaciones; cual bálsamo de paz para liberarlos de su infausto vivir: ¡Pobres inocentes! ¡Si tan solo supieran que estoy con ellos desde el instante en que llegan a este mundo y no los abandono durante toda su permanencia en éste! —para unos, breve y para otros demasiado larga—. ¡Ah, insensatos! cambiarían su manera de pensar sobre mí si estuvieran en mi lugar…  ¡Si supieran cuánto daría por ser uno de ellos! Con gusto daría todo el tiempo de mi existencia por tener una partícula de aquello que disfrutan y llaman vida. ¡Qué no haría! por tan solo sentir los rayos del sol calentando esa maravillosa envoltura que carne que llaman cuerpo y que muchos desprecian sin saber el tesoro y la magia que implica el poder ser capaces de experimentar a través de las sensaciones: Oler el aroma de las flores, probar la más exquisita de las comidas; poder sentir sobre la piel la humedad de las gotas de lluvia deslizándose sobre ésta, apreciar lo que para ellos es una hermosa melodía y para mí es nada. ¡Nada!…  ¡No tienen idea de cuánto los envidio!  Si tan solo pudiera disfrutar de la compañía de alguien. Si pudiera sentir el abrazo de alguna persona, de eso que llaman afecto e inclusive amor.   Siempre he existido, invisible y a la espera. Estoy en millones de lugares al mismo tiempo, al acecho de los hombres desde su origen y observo en silencio, aguardando... Me  llaman de diferentes formas e inclusive dan rienda suelta a sus fantasías imaginando mi aspecto y la forma que tengo cuando llega el momento de dar sentido a mi razón de ser. ¡Ja! Lo que ellos no saben es que nunca me verán, que en el momento en que suponen debo hacer acto de presencia luego del último aliento, en el postrero instante de su vivir no tendrán la capacidad de advertir mi presencia, ya que no serán más… No entienden que soy solo la consecuencia, el resultado de sus acciones. No determino el momento en que llegara el final, son ellos; solo ellos…




Soy desde hace tanto y tanto, que algunas veces pierdo la noción del tiempo sin hacer caso por un instante  de mi condición eterna. Todos me temen sabiendo que en algún momento sentirán mi inminente e implacable presencia. Algunos  dicen que no tengo piedad ni escrúpulo alguno en  cumplir con mi inexorable cometido, y de solo imaginarme acercándome soplando sobre sus cabezas, empiezan a temblar como las espigas en  un campo de trigo, estremecidas por la fuerza invisible y poderosa del viento en una tarde de invierno. Otros  anhelan mi presencia con la esperanza de escapar a su destino infeliz y lleno de tribulaciones; cual bálsamo de paz para liberarlos de su infausto vivir: ¡Pobres inocentes! ¡Si tan solo supieran que estoy con ellos desde el instante en que llegan a este mundo y no los abandono durante toda su permanencia en éste! —para unos, breve y para otros demasiado larga—. ¡Ah, insensatos! cambiarían su manera de pensar sobre mí si estuvieran en mi lugar…


         ¡Si supieran cuánto daría por ser uno de ellos! Con gusto daría todo el tiempo de mi existencia por tener una partícula de aquello que disfrutan y llaman vida. ¡Qué no haría! por tan solo sentir los rayos del sol calentando esa maravillosa envoltura de carne que llaman cuerpo y que muchos desprecian sin saber el tesoro y la magia que implica el poder ser capaces de experimentar a través de las sensaciones: Oler el aroma de las flores, probar la más exquisita de las comidas; poder sentir sobre la piel la humedad de las gotas de lluvia deslizándose sobre ésta, apreciar lo que para ellos es una hermosa melodía y para mí es nada. ¡Nada!…  ¡No tienen idea de cuánto los envidio!  Si tan solo pudiera disfrutar de la compañía de alguien. Si pudiera sentir el abrazo de alguna persona, de eso que llaman afecto e inclusive amor. 


         Siempre he existido, invisible y a la espera. Estoy en millones de lugares al mismo tiempo, al acecho de los hombres desde su origen y observo en silencio, aguardando... Me  llaman de diferentes formas e inclusive dan rienda suelta a sus fantasías imaginando mi aspecto y la forma que tengo cuando llega el momento de dar sentido a mi razón de ser. ¡Ja! Lo que ellos no saben es que nunca me verán, que en el momento en que suponen debo hacer acto de presencia luego del último aliento, en el postrero instante de su vivir no tendrán la capacidad de advertir mi presencia, ya que no serán más… No entienden que soy solo la consecuencia, el resultado de sus acciones. No determino el momento en que llegara el final, son ellos; solo ellos…

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