viernes, 28 de agosto de 2015

Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno II”de: Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

“…El sacerdote trató de “sanar” al joven por medio de oraciones y consejos a sus padres pero éste; en lugar de mejorar, iba cada vez peor. Se burlaba del clérigo, lo insultaba y despreciaba todo aquello que tuviera que ver con la religión. Decía que era el demonio, gritaba blasfemias y emitía sonidos extraños de animales. Algunos de los pueblerinos juraban que en su comunidad se producían “acontecimientos sobrenaturales”, como en el caso de un becerro que nació con dos cabezas, o cuando una de las vacas parió a un ternero muerto. Otros juraban haber visto al muchacho volar en medio de la noche a través del campo; e inclusive, comentaron que el chico se aparecía en las casas en cualquier momento, caminado en los techos espeluznando a sus moradores… “
“El párroco, siendo incapaz de poder auxiliar al adolescente, solicitó ayuda a su iglesia y éstos enviaron a un especialista. Un religioso exorcista quien se encargó del caso. Luego de un profundo examen llevado a cabo por el referido sacerdote, se determinó que el joven se hallaba poseído por el demonio y que era necesario actuar cuanto antes, para arrojar al mal y salvar su alma inmortal…”


“La ordalía del muchacho duró tres larguísimos y torturantes meses, en los cuales tuvo que soportar sesiones de rezos que se repetían hasta cuatro o cinco veces por día. Ayuno forzoso— para purificar y fortalecer su espíritu—, baños con agua helada —con la intención de menguar la resistencia del demonio— entre otras cosas; además del asedio psicológico y presión religiosa al que fue sometido…”


“Pero el muchacho se hundía en los infiernos cada vez más. Berreaba como un animal y maldecía sin cesar. Sus palabras se convertían en un monzón de insultos cada vez que el sacerdote le mostraba el crucifijo y le arrojaba agua bendita al cuerpo. Lloraba constantemente y hasta suplicaba que lo soltaran—en sus momentos de lucidez—sin embargo, el clérigo insistía en continuar con los ritos eclesiásticos para lograr su cometido.”


“Al final, luego de noventa días de lucha contra el mal y que el poseído no reaccionará a la palabra de Dios, los padres convinieron —pese a las objeciones del exorcista— a llevarlo a un hospital.”


“El joven fue trasladado de emergencia y los médicos al examinarlo se encontraron con un cuadro desolador: neumonía, escorbuto, deshidratación, anemia y una delgadez pavorosa. Parecía un esqueleto viviente rescatado de un campo de concentración. Sus huesos estaban cubiertos frágilmente por su descolorida y delgada piel. Perdió más de treinta kilogramos de peso además de parte del cabello. Tenía escaras en la espalda, así como en otras partes del cuerpo. Decía palabras incoherentes y se había vuelto foto fóbico debido a su forzado enclaustramiento para evitar que se hiciera daño, por prescripción del exorcista…”


“Luego de llevar a cabo una serie de pruebas clínicas entre el médico y el jefe de psiquiatría coincidieron en su diagnóstico: Esquizofrenia paranoide. Trastorno disociativo: demoniomanía. Esta última desarrollada e incrementada debido a los factores externos a los que el paciente fue sometido —en referencia a los rituales religiosos y reforzados por el entorno del enfermo—. 


“El psiquiatra recomendó internar al joven en el hospital bajo estricta observación y llevar a cabo un tratamiento por medio de la hipnosis y medicamentos, con el fin de poder controlar sus trastornos…”




"EL VISITANTE MALIGNO I" 
 "ELVISITANTE MALIGNO  II"





Disponibles en Amazon, en formato digital (para Kindle)

viernes, 14 de agosto de 2015

Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno II” de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón


http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/08/fragmento-de-la-novela-el-visitante_14.html
SOLO PARA ADULTOS

“…Utilizando un destornillador que encontró en un rincón del cuarto, el experto palanqueó la cerradura forzándola causando un poco de ruido. Abrió la primera gaveta donde encontró una biblia y algunos documentos. En la segunda, una botella de whiskey medio vacía, una linterna y unas esposas plásticas. En la última otro grupo de papeles y al lado, una cámara digital. Encendió la cámara y comenzó a revisar su contenido. La memoria extraíble era de treintaidós gigas y estaba prácticamente llena donde guardaba miles de instantáneas y algunos clips de películas. Coloco las fotos en el formato de galería y procedió a examinar una por una. Se podían veían imágenes de la iglesia: la fachada, el interior, el jardín exterior. En algunas otras: paisajes, ciudades y tiendas. Nada fuera de lo normal. Continuó observando y hubo una que le llamó la atención. Se veía al público en la iglesia antes de iniciarse la misa, pero se enfocaba principalmente en los niños. Iba pasando las fotografías y cada vez se mostraban más reveladoras. Quien capturó las imágenes hizo la toma empleando el zoom de acercamiento. Los rostros y partes del cuerpo de los menores eran los objetivos fotográficos. Cabellos, ojos, boca, cuello, entrepiernas, glúteos. No terminó de ver los retratos ya que eran demasiadas así que los dejó por un momento y empezó a observar los vídeos. Eligió uno al azar y lo que vio lo hizo enmudecer de rabia y tristeza…”
“El monaguillo se encontraba apoyado con los brazos abiertos sobre un lavamanos mientras abría la boca respirando entrecortadamente y su rostro señalaba el dolor que venía soportando, a la vez que el clérigo arremetía por detrás con violencia, sosteniendo la cámara digital a la altura de su pecho y con la otra jalaba el cabello del adolescente. Ambos se hallaban desnudos. La imagen se reflejaba a través del espejo del cuarto de baño capturando el momento de sodomía en todo su terrible drama. El muchacho lloraba y decía:
—No, por favor. Ya no, ya no más…
— ¿Cómo que no más?—Decía el cura —di que te gusta. Vamos, dímelo conejito. Díselo a papi…
—Por favor; no más, no me haga más daño…
— ¡DIME QUE TE GUSTA!, ¡DIME QUE TE GUSTA!... — gritaba — mientras le propinaba golpes con la mano abierta en las nalgas, la espalda y el rostro…”

Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno II” de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón disponible en Amazon (para Kindle)

domingo, 9 de agosto de 2015

Fragmento de la novela: “EL VISITANTE MALIGNO II” de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/08/fragmento-de-la-novela-el-visitante_9.html
  Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

“…salió del baño todavía desnudo, con la mirada en blanco, como si estuviera en otro lugar; en otro mundo. Yendo a su dormitorio abrió la gaveta de la mesita de noche y cogió una llave; luego de esto, caminó por el pasadizo de la parte de arriba de la casa hasta llegar al final. Tiró del cordón del techo e hizo descender la escalera plegable que conducía el ático. Ascendió lentamente y encendió la luz. Avanzó hasta el fondo, al lado de la ventana y comenzó a levantar unas cajas hasta que descubrió un baúl grande y pesado de color bronce que tenía una cerradura de metal. Introdujo la llave en la hendidura y giró hasta escuchar el “trac” que anunció su apertura y empezó a extraer lo que éste guardaba: Una chaqueta militar de color crema y manchas verde claras, así como un pantalón y gorra, al igual que las botas del ejército de color arena que completaron su uniforme de campaña. Un cinturón y fornitura marrón claro y debajo de todo; dos pistolas Beretta calibre nueve milímetros semiautomática. Ocho cargadores, varias cajas de cartuchos, un puñal de asalto en su vaina y seis granadas fragmentarias M67. Cogiendo un paño se agachó sobre el piso dándose a la tarea de limpiar su calzado. Luego se vistió con el uniforme y después calzó sus botas. Levantando la chaqueta acomodó el correaje alrededor de su cintura ciñéndolo con fuerza al igual que el resto de la fornitura y luego se dio a la tarea de alimentar las cacerinas. Acto seguido las insertó en las cananas; abasteció las pistolas y las rastrilló colocándoles el seguro. Introdujo una en la funda en el cinturón del lado derecho y la otra a la altura del muslo izquierdo, luego envainó el puñal en el compartimiento especial de su pantalón de camuflaje. Sobre su pecho en dos filas, como racimos de uvas, se encontraban sujetas las granadas explosivas al arnés. Poniéndose la gorra, cerró el cofre y se dirigió hacia la escalera para ir hacia la parte de abajo; atravesó el pasadizo continuando hasta el baño y volvió a situarse frente al espejo, desde donde la imagen del espectro lo miraba. El hombre lo saludó a la usanza militar y se retiró. La aparición en el cristal empezó a reírse, a carcajadas de forma brutal, enfermiza, horrenda…”

NOVELA: "EL VISITANTE MALIGNO II"
Disponible en Amazon (para Kindle)

martes, 4 de agosto de 2015

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno II" de FERNANDO EDMUNDO SOBENES BUITRÓN

 SOLO PARA ADULTOS.






“…La entidad caminó hacia lado izquierdo del hombre y se arrodilló sobre la yerba. Luego de esto cogió el martillo y los clavos sujetándolos con una mano, en tanto que con la otra tomó el brazo del torturado y lo estiró con brusquedad haciéndolo coincidir con el travesaño. 

— Por favor…, te lo suplico…, no lo hagas. —dijo…
La bestia volteó su terrible rostro mirando a los ojos de su presa y replicó:
—Eres un hipócrita. ¿Qué ha pasado con los rezos y pedidos a tu Dios? ¿No querías emularlo? ¿No querías ser digno de Él? Deberías estar feliz; estás viviendo lo que dicen que padeció. Tienen más de dos mil años con ese cuento y tú,… que dices amarlo y llenas tu casa con todos esos ridículos objetos, ¿Te rehúsas a seguir sus pasos? ¿Cuántas veces tú y tu familia le han rogado diciendo que aceptaban Su voluntad? ¿Dónde está tu fe? maldito embustero…

Dicho esto, colocó uno de los clavos sobre la muñeca izquierda de su víctima mientras levantaba el martillo apuntando al cielo, disponiéndose a dar el primer golpe.

—Debes agradecerme, ya que hoy aprenderás una lección: No poner tus esperanzas en algo que nunca te ha escuchado. Lástima que sea en esta circunstancia. Sin embargo; como dicen por allí, nunca es tarde para aprender —dijo soltando una risotada—Eso en lo que crees y llamas Dios, está por allí cagándose de risa, viendo cómo sufres y mueres por Él…”

Fragmento de la novela: “El Visitante Maligno II” de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón Disponible en Amazon (Kindle)

viernes, 3 de julio de 2015

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno II" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón.

http://elvisitantemaligno.blogspot.com/2015/07/fragmento-de-la-novela-el-visitante.html

“…Volteó pesadamente y todo a su alrededor se desarrolló de una forma irreal al igual que si estuviera reproduciendo en cámara lenta. Podía ver cómo los soldados enemigos se acercaban rematando a los heridos, disparándoles y degollándolos con saña. Desatando toda su crueldad en los sobrevivientes, transformando el desierto en un protervo espectáculo infernal. El ardor inicial desapareció y en ese instante su cerebro por fin pudo emitir la orden de levantarse; correr y escapar. Intentó incorporarse, pero una nueva explosión se hizo presente a su lado como un fantasma aparecido de la nada. Aturdido se apoyó con las manos en la arena para ponerse de pie, pero para su desdicha, pudo comprobar que le faltaban las piernas. Habían sido arrancadas como consecuencia del estallido y se estaba desangrando. Los soldados iraquíes estaban cerca; los rostros enemigos iban aclarándose mientras…, levantando la cara desde el suelo, los veía sin poder reincorporarse. Estaba resignado a su fatal destino, cuando se percató desconcertado que se trataba de niños. Utilizaban uniformes que no iban con sus cuerpos, les quedaban grandes y grotescos; pero hacían gala de un sadismo y ferocidad inimaginables. Algunos heridos recibían disparos en las cabezas a boca de jarro, mientras otros eran destazados con lentitud. Otros eran decapitados y los soldados se arrojaban las cabezas, jugando con ellas riendo y gritando. Como si se tratara de un partido de futbol. Las risas menudas, infantiles y alegres, contrastaban con el pánico del momento, la oscuridad de la noche y la inminencia de la muerte que ya sentía próxima."

"Se sentía desfallecer cuando los pequeños soldados dejaron de jugar y se acercaron rodeándole y permanecieron mirándolo desangrar abandonado sobre la arena. El primero de ellos, que acababa de decapitar a uno de los heridos, tenía el casco muy grande que le cubría parte de la cara. Había dejado su fusil en el piso y en la mano derecha blandía el machete que estaba teñido de rojo con el que estuvo masacrando a los soldados y se le acercó lentitud. Siempre su sueño llegaba hasta allí y se despertaba sudando espantado; pero ese día, el soldado se quitó el casco...”

Fragmento de la novela: "El Visitante Maligno II" de Fernando Edmundo Sobenes Buitrón

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